Autoconfianza, un elemento a entrenar en atletismo.
Como entrenadores, solemos “diseñar” planes a medida para cada uno de nuestros atletas, y sabemos que a rendimientos atléticos similares, corresponden planes.........muy diversos.
¿Cuál es la variable a modificar? Que característica particular es la que “marca” un plan diferencialmente de otro ?
Porqué las repeticiones de 1000 o 2000 y sus correspondientes pausas, tienen valores distintos entre varios atletas, si persiguen resultados similares, si la máquina humana, mecánica y fisiológicamente no difiere a simple vista ?
Estas y otras respuesta podemos buscarlas en el ámbito de la psicología deportiva.
Entre las muchas variables de un entrenamiento de fondo, podemos encontrar desde el punto de vista estrictamente fisiomecánico, los fondos largos, las carreras a ritmo intermedio, las repeticiones y sus pausas, y por supuesto los descansos, parte activa del entrenamiento específico.
De un modo elíptico y no muy manifiesto, podemos expresar un “comportamiento” psicológico para cada una de estas variables mencionadas, a saber:
Fondos largos, la monotonía de las largas distancias a un ritmo descansado, preparan a un fondista para la prueba de largo aliento (42.195 mts.) ya que el objetivo del largo rodaje, es orientar al “fortalecimiento” mental ante las largas distancias, es muy frecuente escuchar quejas de atletas que alegan “tengo poco fondo” cuando explican su negativa a enfrentar una competencia de larga distancia, lo que por un lado describe una real situación fisiológica, pero es la mas clara expresión de su falta de concentración a los largos esfuerzos.
Las carreras a ritmo intermedio (las más de las veces, a ritmo “maratón”), acercan al atleta al ritmo de su competencia, y si bien, por distancias muy menores (30 a 40% de la distancia total) lo ayudan a situarse en sus sensaciones físicas y mentales y a acostumbrarse a ellas (suelen ser muy difíciles por su exigencia intermedia pero sostenida que obligan a períodos de concentración que se elevan a lo largo del plan)
Por último las repeticiones, que obligan a repetir determinada distancia en varias oportunidades, a ritmos elevados y con pausas cortas (la reacción de cansancio al ritmo superior al competitivo y a la repetición de la rutina son elevados).
Saliendo de estos peculiaridades del entrenamiento, la “adaptación” del plan a la característica personal del atleta, debe buscar como objetivo, la construcción de la autoconfianza, que seguramente agregará más al rendimiento final que un entrenamiento riguroso, pero que no contemple este detalle.
La autoconfianza, factor subjetivo de cada atleta, puede estar cimentado en los más variados recursos, discursos, características y vivencias personales, y es obligación del entrenador, conocerlos para diseñar la planificación personal.
Pongamos por ejemplo dos corredores del mismo nivel:
Corredor A de 46 años, amplia experiencia en carreras de calle, compitió varias veces en maratón, intenta ser disciplinado en sus planes. De personalidad muy comunicativa, se destaca en entrenamientos grupales de fondo, tienes muy buenas condiciones. De buen comportamiento en entrenamientos, en competencia no logra rendir la performance que indican sus parciales semanales.
No tiene dificultades en los fondos largos, pero flaquea cuando se le exigen distancias en velocidad o ritmos intermedios. En oportunidad de efectuar entrenamientos con exigencia, su exteriorización tiende a destacar la performance ajena, en desmedro de la propia “ que rápido estás corriendo, no podía alcanzarte”, “ que buen estado atlético” y otros comentarios por el estilo
Corredor B De 48 años, y similares características atléticas, tiene un temperamento fuerte, y no flaquea con facilidad ante los desafíos.
Para A, diseñaremos planes que en forma gradual y progresiva, le permitan alcanzar las marcas intermedias que se esperan de él, y esto, teniendo especial cuidado en que los entrenamientos de ritmos intermedios o de repeticiones, estén construidos de forma de no sumergirlo en cansancios excesivos que frustren su cumplimiento. El logro de estas metas intermedias (pequeños “saltos” en su superación) le permiten visualizarse como “cumpliendo” etapas posibles, dándole la seguridad que necesita para desarrollar su plan y competencia posterior.
B, es agresivo y con fuerte sentimiento de competencia, la compañía de otros atletas lo estimula a dar “un poquito” más permanentemente, y trataremos de coordinar sus entrenamientos de forma tal de lograr esta “retroalimentación” atlética, ya que cuando culminan estos entrenamientos se encuentra eufórico, con expectativas positivas acerca de su rendimiento. Quizá debamos entrenar en su autoconfianza, la prudencia que no lo lleve a “quemar” etapas, ya que en carreras de gran fondo, la estrategia es parte fundamental de la competencia.
Como denominador común, cierto “atavismo” atlético de fondo, brinda seguridad al atleta que “acumula” kms. en su agenda semanal, ya que lo hace sentir mas preparado para el gran desafío de los 42, pero recientes planes de entrenamiento, hacen más hincapié en la “calidad” de los kms. recorridos, en desmedro de su “cantidad”. No descartaría aconsejar al atleta que sienta que construye su seguridad en base a esta teoría, que tenga su sesión de fondo largo semanal, pero sin exigencias de ritmo, y sin exageraciones en cuanto a su extensión.
Pero entonces, diferenciamos en ambos atletas “similares” condiciones atléticas , pero condiciones psicológicas diversas que nos obligan a “abordajes” de sus problemáticas desde lugares diversos.
A, responde a los estímulos que se le presentan en forma progresiva, de relativo grado de dificultad, y que lo motivan a seguir progresando, no “refleja” su progreso en la actividad grupal, la que siente como una “competencia” más, que lo llena de inseguridad si no consigue un resultado exitoso (emulación de los rendimientos de sus compañeros, parciales destacados etc.) debiendo diferenciar en su plan, si tiene que participar en actividades grupales, metas PERSONALES que sean de su posibilidad de cumplimiento y que resulten ajenas al rendimiento global.
B, disfruta de la “competencia” en entrenamientos, y a veces logra sus mejores parciales, con el importante estímulo de sus pares, en este caso, se debe ser cauto al señalarle en forma terminante, cuál es el compañero de tareas, ya que su natural “agresivo” lo lleva a medirse indiscriminadamente con atletas de nivel muy superior al suyo, lo que no reporta beneficios a su desarrollo, y lo sumerjen en inseguridades.
Esto en cuanto a los “diseños” de entrenamientos personales, pero además, es recomendable el trabajo sobre las percepciones internas y externas de los atletas, a fin de poder reconocer las dificultades que se presenten y su resolución.
En las competencias de gran fondo, la actividad fisiológica viene acompañada de una intensa actividad mental, ya que al tratarse de mantener la concentración por largos períodos, inevitablemente se percibe los progresivos deterioros en el estado físico, y su correspondiente pérdida de rendimiento.
Como trabajo en lo estrictamente psicológico, también trataremos de emplear el establecimiento de metas progresivas, así, la obtención de por ejemplo un primer 5000 al ritmo estipulado, conduce a la satisfacción de la tarea realizada, y al planteo positivo de un nuevo ciclo por delante, dividiendo el gran esfuerzo en pequeños escalones para formar el total. Esto además es muy útil a la hora de planificar la competencia, ya que la continua estimulación, seguida de un nuevo planteo de etapa, renueva la concentración necesaria.
Asimismo en corredores noveles, podemos hacer hincapié en el “cumplimiento” de la meta prevista, dejando en un segundo plano, para un análisis posterior el “rendimiento”, que en caso de carreras de gran fondo, es determinado muchas veces por factores externos (clima, estado del circuito, hidratación etc.).
Establecer “etapas” descarga la ansiedad por “la” carrera, ya que estamos observando el “período” que estamos cumpliendo, que si estuvo bien diseñado a priori, nos llevará complementado con los otros períodos a la obtención del resultado final.
También me ha resultado interesante, introducir dentro de los entrenamientos, la alternativa de visualizar a compañeros, para reconocer los “buenos” estilos de carrera, tratar de fijar los detalles biomecánicos, posturas corporales, técnicas de respiración, etc. lo que muchas veces inspira a los atletas a tomar conciencia de su técnica, y a visualizarse a si mismos. El cuidado de ciertos aspectos técnicos corporales en los entrenamientos, también ayuda a disminuir las tensiones que provoca el cumplimiento del mismo.
Como entrenadores, solemos “diseñar” planes a medida para cada uno de nuestros atletas, y sabemos que a rendimientos atléticos similares, corresponden planes.........muy diversos.
¿Cuál es la variable a modificar? Que característica particular es la que “marca” un plan diferencialmente de otro ?
Porqué las repeticiones de 1000 o 2000 y sus correspondientes pausas, tienen valores distintos entre varios atletas, si persiguen resultados similares, si la máquina humana, mecánica y fisiológicamente no difiere a simple vista ?
Estas y otras respuesta podemos buscarlas en el ámbito de la psicología deportiva.
Entre las muchas variables de un entrenamiento de fondo, podemos encontrar desde el punto de vista estrictamente fisiomecánico, los fondos largos, las carreras a ritmo intermedio, las repeticiones y sus pausas, y por supuesto los descansos, parte activa del entrenamiento específico.
De un modo elíptico y no muy manifiesto, podemos expresar un “comportamiento” psicológico para cada una de estas variables mencionadas, a saber:
Fondos largos, la monotonía de las largas distancias a un ritmo descansado, preparan a un fondista para la prueba de largo aliento (42.195 mts.) ya que el objetivo del largo rodaje, es orientar al “fortalecimiento” mental ante las largas distancias, es muy frecuente escuchar quejas de atletas que alegan “tengo poco fondo” cuando explican su negativa a enfrentar una competencia de larga distancia, lo que por un lado describe una real situación fisiológica, pero es la mas clara expresión de su falta de concentración a los largos esfuerzos.
Las carreras a ritmo intermedio (las más de las veces, a ritmo “maratón”), acercan al atleta al ritmo de su competencia, y si bien, por distancias muy menores (30 a 40% de la distancia total) lo ayudan a situarse en sus sensaciones físicas y mentales y a acostumbrarse a ellas (suelen ser muy difíciles por su exigencia intermedia pero sostenida que obligan a períodos de concentración que se elevan a lo largo del plan)
Por último las repeticiones, que obligan a repetir determinada distancia en varias oportunidades, a ritmos elevados y con pausas cortas (la reacción de cansancio al ritmo superior al competitivo y a la repetición de la rutina son elevados).
Saliendo de estos peculiaridades del entrenamiento, la “adaptación” del plan a la característica personal del atleta, debe buscar como objetivo, la construcción de la autoconfianza, que seguramente agregará más al rendimiento final que un entrenamiento riguroso, pero que no contemple este detalle.
La autoconfianza, factor subjetivo de cada atleta, puede estar cimentado en los más variados recursos, discursos, características y vivencias personales, y es obligación del entrenador, conocerlos para diseñar la planificación personal.
Pongamos por ejemplo dos corredores del mismo nivel:
Corredor A de 46 años, amplia experiencia en carreras de calle, compitió varias veces en maratón, intenta ser disciplinado en sus planes. De personalidad muy comunicativa, se destaca en entrenamientos grupales de fondo, tienes muy buenas condiciones. De buen comportamiento en entrenamientos, en competencia no logra rendir la performance que indican sus parciales semanales.
No tiene dificultades en los fondos largos, pero flaquea cuando se le exigen distancias en velocidad o ritmos intermedios. En oportunidad de efectuar entrenamientos con exigencia, su exteriorización tiende a destacar la performance ajena, en desmedro de la propia “ que rápido estás corriendo, no podía alcanzarte”, “ que buen estado atlético” y otros comentarios por el estilo
Corredor B De 48 años, y similares características atléticas, tiene un temperamento fuerte, y no flaquea con facilidad ante los desafíos.
Para A, diseñaremos planes que en forma gradual y progresiva, le permitan alcanzar las marcas intermedias que se esperan de él, y esto, teniendo especial cuidado en que los entrenamientos de ritmos intermedios o de repeticiones, estén construidos de forma de no sumergirlo en cansancios excesivos que frustren su cumplimiento. El logro de estas metas intermedias (pequeños “saltos” en su superación) le permiten visualizarse como “cumpliendo” etapas posibles, dándole la seguridad que necesita para desarrollar su plan y competencia posterior.
B, es agresivo y con fuerte sentimiento de competencia, la compañía de otros atletas lo estimula a dar “un poquito” más permanentemente, y trataremos de coordinar sus entrenamientos de forma tal de lograr esta “retroalimentación” atlética, ya que cuando culminan estos entrenamientos se encuentra eufórico, con expectativas positivas acerca de su rendimiento. Quizá debamos entrenar en su autoconfianza, la prudencia que no lo lleve a “quemar” etapas, ya que en carreras de gran fondo, la estrategia es parte fundamental de la competencia.
Como denominador común, cierto “atavismo” atlético de fondo, brinda seguridad al atleta que “acumula” kms. en su agenda semanal, ya que lo hace sentir mas preparado para el gran desafío de los 42, pero recientes planes de entrenamiento, hacen más hincapié en la “calidad” de los kms. recorridos, en desmedro de su “cantidad”. No descartaría aconsejar al atleta que sienta que construye su seguridad en base a esta teoría, que tenga su sesión de fondo largo semanal, pero sin exigencias de ritmo, y sin exageraciones en cuanto a su extensión.
Pero entonces, diferenciamos en ambos atletas “similares” condiciones atléticas , pero condiciones psicológicas diversas que nos obligan a “abordajes” de sus problemáticas desde lugares diversos.
A, responde a los estímulos que se le presentan en forma progresiva, de relativo grado de dificultad, y que lo motivan a seguir progresando, no “refleja” su progreso en la actividad grupal, la que siente como una “competencia” más, que lo llena de inseguridad si no consigue un resultado exitoso (emulación de los rendimientos de sus compañeros, parciales destacados etc.) debiendo diferenciar en su plan, si tiene que participar en actividades grupales, metas PERSONALES que sean de su posibilidad de cumplimiento y que resulten ajenas al rendimiento global.
B, disfruta de la “competencia” en entrenamientos, y a veces logra sus mejores parciales, con el importante estímulo de sus pares, en este caso, se debe ser cauto al señalarle en forma terminante, cuál es el compañero de tareas, ya que su natural “agresivo” lo lleva a medirse indiscriminadamente con atletas de nivel muy superior al suyo, lo que no reporta beneficios a su desarrollo, y lo sumerjen en inseguridades.
Esto en cuanto a los “diseños” de entrenamientos personales, pero además, es recomendable el trabajo sobre las percepciones internas y externas de los atletas, a fin de poder reconocer las dificultades que se presenten y su resolución.
En las competencias de gran fondo, la actividad fisiológica viene acompañada de una intensa actividad mental, ya que al tratarse de mantener la concentración por largos períodos, inevitablemente se percibe los progresivos deterioros en el estado físico, y su correspondiente pérdida de rendimiento.
Como trabajo en lo estrictamente psicológico, también trataremos de emplear el establecimiento de metas progresivas, así, la obtención de por ejemplo un primer 5000 al ritmo estipulado, conduce a la satisfacción de la tarea realizada, y al planteo positivo de un nuevo ciclo por delante, dividiendo el gran esfuerzo en pequeños escalones para formar el total. Esto además es muy útil a la hora de planificar la competencia, ya que la continua estimulación, seguida de un nuevo planteo de etapa, renueva la concentración necesaria.
Asimismo en corredores noveles, podemos hacer hincapié en el “cumplimiento” de la meta prevista, dejando en un segundo plano, para un análisis posterior el “rendimiento”, que en caso de carreras de gran fondo, es determinado muchas veces por factores externos (clima, estado del circuito, hidratación etc.).
Establecer “etapas” descarga la ansiedad por “la” carrera, ya que estamos observando el “período” que estamos cumpliendo, que si estuvo bien diseñado a priori, nos llevará complementado con los otros períodos a la obtención del resultado final.
También me ha resultado interesante, introducir dentro de los entrenamientos, la alternativa de visualizar a compañeros, para reconocer los “buenos” estilos de carrera, tratar de fijar los detalles biomecánicos, posturas corporales, técnicas de respiración, etc. lo que muchas veces inspira a los atletas a tomar conciencia de su técnica, y a visualizarse a si mismos. El cuidado de ciertos aspectos técnicos corporales en los entrenamientos, también ayuda a disminuir las tensiones que provoca el cumplimiento del mismo.
1 comentario:
Es real la intensa actividad mental que genera el entrenamiento y la competencia. Existen obstáculos para tomar en cuenta que inciden en los resultados atléticos. Estos estan referidos a expectativas personales, que en general coinciden con el estado animico del atleta. Procesos vitales, normales en los seres humanos, ocasionan representaciones de si mismos que pueden contribuir a la practica y al buen desempeño en una competencia. Pero tambien intervienen en forma negativa, generando malos resultados. Revisar esto en un plan de entrenamiento permite entender que los atletas, son sujetos dinámicos en constante cambio, que responden a la realidad externa en términos animicos.
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