Antoñito Prudente era un sujeto bonachón cuyas estructuras mentales eran simples y cristalinas, su coeficiente intelectual sobrepasaba con creces al del ornitorrinco y un libro era para él un objeto de uso indefinido que no servia para ser arrojado por los aires competitivamente como la bala, el disco, el martillo o a jabalina, ya que el amigo Prudente entendía lo que lograba entender de la vida exclusivamente desde el punto de vista de la cultura física, el deporte y otras flagelaciones, lacras que la estupidez humana ha dejado introducir en la vida moderna y que produce ejemplares equidistantes a mitad de camino entre el hombre y los monos superiores tales como los jugadores de fútbol americano, los levantadores de pesas y los corredores de fondo, que son las victimas propiciatorias de una ceremonia siniestra que se cumple ordinariamente por todo el mundo pero que tiene su apoteosis cada cuatro años y que llaman Maratón Olímpica, rememorando algo que ocurrió 490 años antes de Jesucristo cuando el griego Milciades se cargo a los persas cerca de la aldea de Maratón en el Ática y como le corría prisa por hacer llegar la buena nueva a los atenienses comisionó al efecto al mas imbecil de los ortivas que tenia a mano, que el que no tiene cabeza debe tener pies, y el muy castrón cuyo nombre repugno escribir corrió sin detenerse hasta que llego a Atenas y penetrando en el ágora empleó el mínimo aliento que le quedaba para proclamar con voz de gaviota ¡¡¡¡les rompimos el culo !!!!!!! Y allí mismo murió reventado, y la humanidad en lugar de hacer todo lo posible por sepultar en las tenebrosas cimas del olvido semejante demostración de crasa imbecilidad, periódicamente rememora el suceso como si fuera algo encomiable, reuniendo voluntarios de todo el mundo que se lanzan a trotar como aquel chupa medias a lo largo de 42 kilómetros en procura del triunfo para elevar al tope del mástil los colores patrios..........
Geno Díaz y su ironía brillante acerca de un corredor aficionado de Mataderos, en su novela “Bazar de 0,95”
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